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lunes
Ciudades de mi vida: Santiago
‘Siempre he creído, y lo sigo creyendo, que no hay en el mundo una plaza más bella que la de Siena. La única que me ha hecho dudar es la de Santiago de Compostela, por su equilibrio y su aire juvenil, que no permite pensar en su edad venerable, sino que parece construida el día anterior por alguien que hubiera perdido el sentido del tiempo. Es una ciudad viva, tomada por una muchedumbre de estudiantes alegres y bulliciosos, que no le dan ni una tregua para envejecer. En los muros intactos, la vegetación se abre paso por entre las grietas, en una lucha implacable por sobrevivir al olvido, y uno se encuentra en cada paso, como la cosa más natural del mundo, con el milagro de las piedras florecidas’.
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Santiago de compostela,
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sábado
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Poesía líquida
Quise hacer versos dedicados a tu nombre,
para que al leerlos llegase hasta mi el eco de tu aliento.
Pero encontré vacío.
Opté por narrar, la aventura de mis dedos recorriendo tu espalda,
al son del latido de un corazón crepitante.
Pero hallé solamente palabras vanas.
Decidí hablar en silencio del amor, de la felicidad efímera.
De lo imposible y lo inesperado...
Pero no pude componer canciones,
pues los poemas surgían de mi mente como ríos de melancolía...
Y decidí interpretar el mundo con el lenguaje de las emociones.
Porque no se puede describir de otro modo la fantasía de tu piel;
ni la calidez de tu abrazo...
Y para no extraviar más momentos,
Conjuré en silencio el hechizo de lo utópico,
cuya licencia sobre los sueños compartidos
absurdos e inesperados,
había conseguido transformar el mío en arte.
Y fui feliz...
para que al leerlos llegase hasta mi el eco de tu aliento.
Pero encontré vacío.
Opté por narrar, la aventura de mis dedos recorriendo tu espalda,
al son del latido de un corazón crepitante.
Pero hallé solamente palabras vanas.
Decidí hablar en silencio del amor, de la felicidad efímera.
De lo imposible y lo inesperado...
Pero no pude componer canciones,
pues los poemas surgían de mi mente como ríos de melancolía...
Y decidí interpretar el mundo con el lenguaje de las emociones.
Porque no se puede describir de otro modo la fantasía de tu piel;
ni la calidez de tu abrazo...
Y para no extraviar más momentos,
Conjuré en silencio el hechizo de lo utópico,
cuya licencia sobre los sueños compartidos
absurdos e inesperados,
había conseguido transformar el mío en arte.
Y fui feliz...
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